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miércoles, 8 de mayo de 2013

Presentacion.

Dando un repaso al blog, me he dado cuenta de que ni siquiera me he presentado, se que quizas esta entrada deveria ser la primera, pero ya sabeis, nunca es tarde...


Guardo en mi memoria un entrañable recuerdo de la primera vez que fui a pescar y, mientras lo evoco, me invaden emociones y sensaciones infantiles, de inocencia, de infatigable curiosidad, al tiempo que se me parece tintado de salitre, de brisa y de mar.


Mi hermano y yo soliamos escuchar entusiasmados las historias de pesca de mi padre, que ha sido siempre un gran aficionado. Aquella tarde de otoño, se habia ido a probar suerte al muelle del Moliner, en el Puerto de El Musel, y nosotros le pediamos incansables a mi madre que no llevara a verle.
Lo conseguimos y alli estabamos mi hermano y yo, de siete y seis años respectivamente, obserbando hipnotizados a mi padre, que habia pescado dos peces grandes -"chopas", segun nos explico-.
Entonces le pedimos con insistencia que nos dejara pescar, pero las cañas eran muy grandes, asi que mi padre, armado de paciencia, nos monto un aparejo con una bobina de sedal, un flotador de corcho, un plomo y un anzuelo al que puso un trocito de gamba.
Nos lo echo al agua y vigilantes nos fuimos turnando hasta que de repente pudimos distinguir un pez rojo que nos llamo mucho la atencion. Pues bien, estubimos alrededor de cuarenta y cinco minutos tratando de meterle el cebo en la boca hasta que por fin, creo que mas bien por desesperacion, se lo comio. En ese momento prendi la presa y apresuradamente avise a mi hermano. Como no habiamos visto ningun otro pez, decidimos sacarlo entre los dos y de esa manera compartir nuestra primera captura.
Mi padre nos explico que se trataba de una cabra; media aproximadamente 9 centimetros frente a los mas de cuarenta de cada una de sus piezas, pero para nosotros nuestro pez seria siempre el mas grande del mundo.
Una vez en casa, mi madre nos enseño a limpiar la cabra y esa noche cada uno cenos su mitad. Resultaba verdaderamente emocionante pensar que lo que me estaba comiendo lo habia cogido yo con mis propias manos de la mismisima naturaleza. ¡Aunque no tanto como para quitarme el apetito! Y calculad que media cabra para un crio que ha pasado una intensa jornada de pesca no alcanza ni para un diente, por lo cual he seguido pescando hasta el dia de hoy. ¿Que remedio, si no?
He de decir que me siento afortunado por haber nacido y crecido en una region donde la pesca, de larga tradicion y arraigo, base de nuestra economia desde tiempos remotos, es vivida con tanta intensidad por los asturianos, ya que es parte de nuestra cultura. Es que Asturias es poseedora de un gran patrimonio que hace que su pesca ofrezca multitud de posibilidades, ya sea en sus rios o en su mar.
Motivos no me faltan para decir que constituye para mi un enorme placer presentar este blog, en el que intentare dar cuenta de todos los conocimientos que he podido adquirir con el paso del tiempo, desde aquel dia en que aquella desafortunada "cabra" cayo entre mis manos.
Espero que lo acojais con el mismo cariño con el que yo lo intentare elaborar, y ojala algun dia dentro de un tiempo, yo pueda transmitir, como mi padre lo hizo conmigo, los conocimientos que he adquirido a mi pequeña hija Olaya, que posee aun tan solo 19 meses de edad.

Daniel Alburquerque Frade
 

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