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martes, 11 de junio de 2013

El lenguaje de los cefalopodos.

Por Stephen Hart
Extraído de "El lenguaje de los animales"
Ediciones OMEGA






Una s
epia con la característica librea de "cebra", que muestran en época de celo, y que es controlada enteramente por el sistema nervioso del animal.


"Yo Tarzán, tú Jane". Si la sepia macho pudiera hablar, ésta sería su frase de introducción. Aunque las sepias casi nunca utilizan el sonido pare comunicarse, el macho sin embargo, tiene una frase de presentación, que puede traducirse en la expresión más larga, pero conceptualmente más simple: "Yo Tarzán. ¿Tú Tarzán? ¿No? Entonces debes ser Jane". Sepias y calamares se comunican utilizando la extraordinaria habilidad de controlar el pigmento de su piel. Envían mensajes por medio del color de fondo de su cuerpo, así como por lunares de vivos colores y manchones de su piel.


Las sepias añaden a su peculiar comunicación visual algunas posturas natatorias y movimientos de sus diez tentáculos. Junto con los pulpos, las sepias y los calamares pertenecen a la clase Cephalopoda, moluscos como los caracoles, babosas y almejas. Los cefalópodos, gigantes mentales del mundo de los moluscos, manipulan objetos con sus tentáculos, nadan a propulsión, comen con picos y ven con ojos tan complejos como los nuestros. En los cefalópodos las conexiones directas entre el cerebro y unos músculos especiales les permiten cambiar de color en una fracción de segundo mediante la relajación o contracción de los cromatóforos.



Un alevín de pulpo. Se pueden observar perfectamente los ojos y algunos cromatóforos en su cuerpo traslúcido, repartidos a intervalos regulares..

Estas células de la superficie de la piel, llamadas cromatóforos, están llenas de pigmentos de color rojo, amarillo y negro, pudiendo pasar de la expansión a una fuerte contracción en unas milésimas de segundo. Bajo la capa superficial, células con pigmento blanco e incluso células más profundas con pigmento verde reflejan la luz cuando los cromatóforos contraídos las dejan al descubierto. Para mejorar la comunicación, los cefalópodos también pueden cambiar la textura de su piel acentuando o atenuando las protuberancias de aspecto verrugoso que cubren su librea. Aunque parece ser que los cefalópodos son incapaces de ver los colores, tienen una gran facilidad pare confundirse adecuadamente con su entorno.


Cuando no se están camuflando con el entorno, algunos calamares y sepias pueden crear dramáticos modelos alterando los colores del cuerpo entero o bien sólo de partes del mismo. En algunas especies, se han catalogado 31 variaciones que afectan a todo el cuerpo y se ha calculado un repertorio potencial de 300 diseños en los que se combinan variaciones de color de todo el cuerpo o sólo de algunas partes, de la textura de la piel y de posturas corporales.


Los pulpos son animales solitarios excepto cuando se aparean, y hasta el momento los investigadores han visto poco de lo que llamarían comunicación compleja entre ellos. Pero al igual que los calamares y las sepias, los pulpos muestran cambios de color en función de los estados fisiológicos internos. Los machos de algunas especies de pulpo lucen grandes ventosas, que utilizan en la exhibición de "succión", supuestamente diseñada pare comunicar el sexo al cual pertenecen.




El pulpo hembra hace huir al macho después del apareamiento adoptando una actitud amenazadora y mostrando airados colores en su piel.



Las hembras de cierta especie desarrollan células luminiscentes, que se disponen alrededor de su pico como un pintalabios de color verde, y que pueden atraer a los machos. La sepia Jane -como las hembras de otras especies- no estará satisfecha con cualquier macho. Ella quiere un Tarzán sano y vigoroso, cuyo esperma contenga genes que incrementen la probabilidad de su descendencia de sobrevivir, madurar y reproducirse de nuevo.


Un pulpo hembra coloca la puesta de huevos en un hueco protegido pero "aireado" por la corriente, para conseguir perpetuar la especie.

Por este motivo, la sepia hembra busca al macho que presente toda una serie de atributos que ella cree necesarios, por ejemplo, el tamaño, que, naturalmente, es sinónimo de salud, pero además, la sepia y el calamar que nadan con los brazos estirados y con la piel relampagueando aparentemente también les parecen más sanos a las hembras.


El calamar y la sepia constituyen un delicioso manjar -no sólo como sushi, sino también para diferentes depredadores oceánicos -, así que normalmente se difuminan con el entorno adoptando un color críptico, que suele ser moteado. Pero, cuando llega el momento de aparearse, para la sepia macho la oportunidad de pasar sus genes sobrepasa el riesgo de convertirse en una comida. Para anunciar el sexo al cual pertenece, el macho adopta un sorprendente modelo de cebra: estira sus brazos hacia delante, amontonándolos o arqueándolos, formando una cesta de diez ramales. Otras sepias que están por los alrededores captan el mensaje. Los machos devuelven el saludo, pero las hembras no alteran su patrón moteado.


La ausencia del modelo del macho, más que ningún otro rasgo distinguible del cuerpo de la hembra, informa al macho del sexo de la hembra. Si un macho no responde adoptando el modelo de cebra -quizás debido a alguna enfermedad -, otros machos pueden confundirlo con una sepia hembra.


Todos los machos de un grupo se pasean ufanos con su modelo de cebra; sin embargo, la mayoría de las hembras no altera su traje moteado. Pero si una hembra de las proximidades cambia su críptico modelo jaspeado por uno gris más uniforme, está indicando su disponibilidad para aparearse.


Ahora la competencia entre los machos se intensifica, llegando en algunas especies al contacto físico y los mordiscos. Por último, todos los machos, excepto uno -normalmente el más grande -, literalmente se dan la vuelta y se baten en retirada, regresando a su modelo normal, jaspeado unisex -esta conducta es semejante a la postura de sumisión de un perro con la cola entre las piernas.


Una pareja de sépias efectuando una puesta (en la rama, los huevos en color negro)

Después de disuadir a los machos cercanos con su destreza, el macho victorioso abandona su comportamiento agresivo para convertirse en un animal sensible y cariñoso. Se acerca a la hembra y cambia su comunicación visual en táctil, acariciándola delicadamente entre sus ojos y brazos. Al principio, la hembra puede manifestar su alarma adoptando un modelo cromático que indica una profunda turbación. El macho la calma soplándole agua y alejándose suavemente con su mecanismo de propulsión. Sin embargo, el macho lejos de desistir se acerca una y otra vez hasta que la hembra lo acepta, literalmente, con los brazos abiertos.


Si un zafio rival intenta importunar a la pareja, el macho en celo adopta de nuevo su disfraz de cebra, pero esta vez muy intensificado. Si está nadando junto a la hembra, el macho puede incluso mostrar las bandas de su librea únicamente en el lado de su cuerpo que esté frente al intruso. Al mismo tiempo, puede mantener su sexualmente sugestivo uniforme gris en el lado más próximo a la hembra. Por último, la pareja pone en contacto sus brazos y empieza a aparearse. Ambos adquieren, en ese momento, el modelo críptico jaspeado que atrae menos la atención.

Los Calamares



Una bandada de calamares. Pese a ser todos de color blanco, alteran su color para informar a los otros animales de su disposición de ánimo e intenciones.

Los calamares, que son más sociales que las sepias, también comunican su disponibilidad pare aparearse con el color de la piel. Se reúnen en grupos de 10 a 30 individuos, pero pronto se deshacen en grupos de cortejo de una hembra y dos o cinco machos. El macho de mayor tamaño intenta alejar a la hembra de los otros pretendientes.


La pareja se entrega a un balanceo precopulatorio, en el que juntos se desplazan suavemente de un lado a otro. Si en ese momento, el macho se acerca demasiado, la hembra puede alejarse veloz como un rayo. El macho la sigue, y este juego de persecución puede continuar durante más de una hora a una velocidad vertiginosa. Posiblemente represente un intento por parte de la hembra de evaluar y certificar la salud del macho.


El calamar macho utiliza el disfraz de cebra de una forma no muy diferente a la de la sepia para ahuyentar a otros machos. También adopta un modelo unilateral de suaves tonos plateados cuyo significado es: "Manténte alejado".


Una pareja de calamares, con el patrón de colores que muestran en el apareamiento, nadando juntos sobre una abundante puesta de otros de estos interesantes cefalópodos.

El macho sólo exhibe este modelo en el lado del cuerpo que está más próximo a otros machos; el flanco orientado hacia la hembra lo mantiene sexualmente estimulado. Los calamares no se abrazan para aparearse. En lugar de ello, el macho únicamente intenta acercar al cuerpo de la hembra un pequeño y pegajoso saco de esperma. Mientras alarga este saco, hace que sus cromatóforos palpiten a un ritmo determinado.


Si el saco se engancha, la hembra lo coloca en el receptáculo seminal, completando así el ritual de apareamiento. Los cefalópodos sociales, es decir, los calamares (como Sepioteuthis sepioidea) y las sepias, comunican claramente estados internos -disponibilidad pare la cópula, identificación sexual, etc.


Los equivalentes humanos de estas señales serían ruborizarse, tartamudear y adoptar posturas corporales que manifiesten timidez.


¿Se comunican los cefalópodos algo más
que su estado sexual?



Algunos científicos sugieren que sus modelos cromáticos de cuerpo entero actúan como si fueran nombres y verbos, y las pequeñas manchas y dibujos como adjetivos y adverbios. La postura y el movimiento pueden ayudar a establecer el contexto.


"Puede ser que si Sepioteuthis destaca una banda en un lado de su cuerpo, y al mismo tiempo remarca una cejas doradas por encima de los ojos, y levanta los brazos, quizás el significado de la banda haya sido modificado por las cejas doradas y el brazo levantado, de modo que representen algo más complicado o incluso diferente de lo que la banda signifique por sí sola", afirma Jennifer Mather.


Mather es una psicóloga que estudia la conducta de los cefalópodos y enseña en la University of Lethbridge, Lethbridge, Alberta. La hipótesis de Mather, aunque interesante, permanece todavía sin explorar. Para poder investigar con más profundidad la comunicación visual de los cefalópodos, a Mather y otros investigadores les gustaría "hablar" su lengua. Imitando las claves visuales con un modelo coloreado -hasta cierto punto comunicándose con la sepia -, los investigadores han descubierto cambios en su conducta y empiezan a entender su compleja comunicación.


"Sospecho que los cefalópodos no van a tener un tipo de lenguaje tan complicado como el nuestro para cuando sepamos si poseen un lenguaje visual -concluye Mather -. Pero sospecho que vamos a encontrar un interesante sistema de comunicación cuando finalmente tengamos el tiempo, la energía y los recursos pare descubrirlo."

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